GONZALO RESTREPO

‘No es lógico que se le pida ayuda a los empresarios mientras se pide que se les persiga’: Gonzalo Restrepo

El presidente de la Fundación Éxito, dice que no es lo mismo quien tuvo que pagar una vacuna y quien disparó o desplazó. También hace un llamado a que se le apueste al modelo de reincorporación colectiva de los excombatientes.

Cuando el presidente Juan Manuel Santos lo llamó para pedirle que fuera parte del equipo de gobierno que negociaba con las Farc en Cuba, el presidente de la Fundación Éxito, Gonzalo Restrepo López, aceptó sin pensarlo. Siempre se había negado a ocupar cargos en los gobiernos, a pesar de su cercanía con todos los mandatarios. Pero este ofrecimiento no lo podía rechazar. Era, explica, un acto de bondad con un país que ha sido en extremo generoso con él y su familia.

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Llegó al equipo en mayo de 2015, cuando ya habían transcurrido dos años y medio de negociación. Esa llegada tardía hizo más difícil su integración a un grupo que ya tenía sus propias dinámicas de trabajo. Pero él, con su pragmatismo, logró hacerse un lugar. Ya jubilado, con un respeto bien ganado entre los empresarios, Restrepo López reconoce que Colombia debe integrar el país rural con el urbano, pero defiende a ultranza el sistema de empresa privada. “No creo en el comunismo ni en los socialismos extremos. Sí se debe buscar más igualdad, más equidad”.

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Gonzalo Restrepo estará hoy en el Encuentro Nacional de Colombia 2020, en el primer panel, “Los empresarios y su apuesta por la reincorporación colectiva”. Este espacio también contará con la participación de Joshua Mitrotti, director de la Agencia Nacional de Reincorporación (ANR); Pastor Alape, representante de la FARC en el Consejo Nacional de Reincorporación, y Jorge Mario Díaz, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Bogotá.

¿Cómo se analizó el tema de la reincorporación en La Habana?

Vimos que las Farc no querían que su gente se convirtiera en empleados, sino crear modelos de empresarismo que les permitieran seguir existiendo como agrupación, más enfocados a sistemas cooperativos. En el país, la gran mayoría de cooperativas son de crédito y no empresariales, como existen en Japón, Israel, Francia y España. En estos países, el modelo funciona así: todos son socios de la cooperativa y las diferencias salariales no son tan grandes como aquí.

¿Cómo encajarían los empresarios en ese modelo cooperativo?

Dando acceso a los mercados a los productos que se logren producir en esas cooperativas. Creo que esta idea de empresarismo de la FARC no es excluyente con el sistema de libre empresa que tiene Colombia. En otros países hay experiencias interesantes; podemos hacer contribuciones viendo otros modelos. Lo importante es que tengan acceso a la tierra.

¿Se habló de eso en Cuba?

Allá se dedicó el tiempo a cerrar los puntos, pero no se entró en el detalle de cómo implementar el Acuerdo. En eso estamos ahora, tratando de hacer realidad lo que está escrito en el papel, y eso es más duro y más largo que la negociación.

¿No se ha entendido esa idea de empresarismo de la FARC?

Creo que el Estado y la sociedad colombiana no están preparadas para reincorporar excombatientes de manera colectiva. ¿Cómo es posible que un país que no es pobre, con 49 millones de habitantes, no sea capaz de reincorporar 15.000 personas? El problema no es con qué, sino cómo. No hay capacidad de planeación, ejecución e integración. Se deben integrar las zonas rurales a los mercados.

¿Y cómo hacerlo?

Lo primero es estudiar y garantizar el mercado. Lo que se ha dicho es: aquí hay un lugar donde se concentran excombatientes y esta tierra es buena para sembrar plátano, entonces sembremos plátano (sin contar con la adjudicación de la tierra, las semillas, la asistencia técnica). ¿Y quién lo compra, cómo llega hasta los compradores? Los empresarios trabajamos al revés: primero garantizamos el mercado.

¿Cómo garantizar el mercado para esos productos de las cooperativas de excombatientes?

Si usted entra a un supermercado, hay buen abastecimiento de todo, pero los que producen esos productos no están en las zonas donde ha sido más fuerte el conflicto. Están cerca de los centros urbanos. Si queremos resolver el problema, debemos ser conscientes de que habrá más competencia, de que me comprarán menos para poderles comprar a otros. Debe haber generosidad.

¿Cómo se haría mejor?

El primer paso es hacer una superposición de mapas: uno que muestre dónde están las tierras productivas y otro que muestre dónde se encuentran estas poblaciones de excombatientes. Donde coinciden las tierras buenas con esas poblaciones es más fácil resolver el problema. Los que están en tierras malas, habrá que reubicarlos en otros sitios. Luego hay que poner un tercer mapa de los mercados, determinando cuál es el centro urbano o conglomerado de consumidores más cercano a esos lugares. Luego viene otro mapa con las vías secundarias y terciarias, para ver cómo se conectan esos puntos con los mercados.

Hay que tener en cuenta que esa conexión de la Colombia urbana con la rural es un tema a largo plazo, pero hay que empezar a fijar prioridades. Por ejemplo, el Grupo Argos está muy interesado en colaborar con algunas vías terciarias. Se requiere un esfuerzo adicional.

Suena muy fácil de hacer. ¿Por qué no se ha planeado así?

Deberían contar más con los empresarios en los equipos de dirección y planeación de estos temas. Hay que gastarle más tiempo a crear la estrategia para después implementar. Estamos en la parte más difícil, mover este carro tan grande que carga problemas de toda la vida. Al comienzo se mueve poquito, pero si nos coordinamos mejor, se empezará a mover.

¿Por qué los empresarios no se han vinculado a estos proyectos?

Hay que ser transparentes en el debate. Aquí se ha dicho que los empresarios son iguales a los ejércitos regulares e irregulares, y eso no puede ser así. No se puede meter al empresariado de manera generalizada en esa categoría. Si hay ovejas negras, deben recibir el peso de la ley, pero no es lo mismo alguien que tuvo que pagar una vacuna a alguien que disparó, asesinó, desplazó. No suena lógico que se les pida ayuda a los empresarios mientras se pide que se los persiga.

¿Está de acuerdo con el fallo de la Corte sobre los terceros responsables?

Es importante que quien tenga responsabilidad responda ante la ley. Hay que revisar la forma como se hace referencia a los empresarios como partícipes del conflicto. Estoy seguro de que en su inmensa mayoría no lo hicieron de manera voluntaria. La presentación de empresarios ante la JEP debe ser voluntaria.

¿Parece que a la mayoría de colombianos no les importará lo que pasa con esos 15.000 excombatientes?

Ese es el punto más difícil de solucionar. Lamentablemente, la implementación del Acuerdo coincide con la campaña electoral. Es difícil distinguir entre estrategias electorales y las necesidades nacionales. Necesitamos que gane un candidato que respete los valores, pero que tenga un corazón grande. Suena muy ingenuo, pero el país lo requiere. Es desafortunada la polarización. Unos y otros deberían coincidir en que no puede seguir existiendo esa diferencia entre las ciudades y el campo, no puede ser que Colombia, un país tan rico, se dé el lujo de tener desnutrición infantil y un nivel de pobreza tan alarmante.

¿Qué le dejó La Habana?

Grandes lecciones. Yo llegué tarde, cuando ya había una dinámica de trabajo. Tal vez fui muy pasivo el primer año, escuchaba mucho, intentaba cogerle el ritmo a lo que pasaba. Llegar a consensos era muy difícil. Entendí el valor de la empatía, de quitarse los prejuicios. Es duro, pero uno no puede quedarse en el recuerdo del familiar que le mataron; hay que poner la cabeza en blanco. Yo sigo teniendo enormes diferencias con la FARC, pero me entendí con varios de ellos. No somos amigos, pero nos tratamos con respeto.

¿Le gusta como quedó el Acuerdo?

Hay cosas que no me gustan y hay cosas que se negociaron cuando yo no estaba, pero igual lo firmé todo. Ese Acuerdo es mucho mejor que no tenerlo.(El Espectador).

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