De la algarabía a la decepción, sin escalas, sin entender una sola palabra, como cuando se cubre un Mundial en la Rusia de Putin que no habla ningún otro idioma distinto al suyo. Así debutó Colombia en Saransk contra Japón: un equipo desconocido, desacomodado, impreciso, presa de los nervios, sin respuestas, confuso y perdido, firmó el peor de los estrenos posibles con una derrota 1-2 frente a Japón. Una tarde de sol que no llegó a aclarar ni una sola idea.

La nube se estacionó pronto en el arco de Ospina. El infalible Carlos Sánchez, apenas al minuto 3, cometió el error que sembró de dudas la cancha de Saransk. Mano en el área, de reacción y no de sapiencia, y tarjeta roja. Todo apegado al reglamento. Todo en contra: minuto 3, Colombia con 10 y en una alineación sorprendente, con la baja de James por lesión y el novato Lerma en la mitad.

Pronto se hizo evidente el desequilibrio. Pero la apuesta fue aguantar, buscar las respuestas con los cuatro fijos atrás, esperando la movilidad de Quintero que vino a cuenta gotas, la salida de Izquierdo que no ocurrió y el regate de Cuadrado, que, al final, acabó poniendo el pecho ante semejante adversidad. Pero se fue Cuadrado. Su presencia estuvo siempre en duda y el problema físico fue la única explicación posible a su salida. Y ya las goteras amenazaban con hundir el barco.

El anhelado gol de Falcao se asomó tímidamente al minuto 11 y al 34 en jugadas idénticas, puntazo para encontrar al arquero bien ubicado, haciendo lo suyo.

Pero a su cuenta se apunta la mitad del empate, porque armó la él la jugada de la falta para el tiro libre sorprendente, pegado al suelo, apostando al salto de los japoneses, que salvó los muebles en la primera mitad. Fueron 39 minutos sin brújula que acabaron ahí, en ese tiro libre que el equipo celebró a rabiar, sin bailes ni adornos, apenas un sólido abrazo.

Y es que tras el gol, se salvó Colombia sucesivamente, pagando el precio de regalar mucho espacio a la espalda de Lerma y la triste tarde la pareja de centrales, que parecía no haberse conocido hasta la salida del túnel: impreciso Dávinson, desordenado Murillo, el gran luna nacional estaba justamente atrás.

¿Pruebas? Al 31 Osako desaprovechó el error de Dávinson en la marca. Y hubo tiempo para un sustito más al 32, un pelo naranja intentando sorprender a Ospina. Y se animaron Yoshida y el recién llegado Honda. Y cada pase filtrado era un apretón de estómago.

Colombia no hacía pie porque también perdía a Cuadrado desde el minuto 31 (la única razón posible parecía el problema físico que hasta último momento lo mantuvo en duda) y así quedaba Falcao como el único de los ‘inamovibles’ en cancha (James, en la raya, lo peleaba todo, lo sufría todo).

El ¡Si se puede! en la tribuna, el zapateo para sacudir los nervios en el campo, la gente en su partido y el equipo abajo vacilante, inseguro, nervioso. El sofoco ya no tenía que ver con el sol, que se había ido completamente del campo y daba espacio a la brisa fresca en la gradería. Era un problema de fútbol, sin excusa, sin reversa.

Cierto es que el descanso alivió la presión… pero por unos pocos minutos. Fue Japón el que salió con la iniciativa, el que intentó con Osako una y otra vez, con peligrosísimos remates cruzados, con ataques a la lentitud de Dávinson que sólo logró corregir Ospina, dos veces sobre la raya. Sería Osako, precisamente, el que cobraría la falla de Arias, quien perdió en el salto el pulso con el goleador y volvió a llenar de goteras el techo.

La ovación en el minuto 57 daba la sensación de que la película sería otra. Volvía el alma al cuerpo de los aficionados cuando salió Quintero, de buen primer tiempo y el nada despreciable aporte del gol del rescate, y se instalaba el mejor en su lugar: ¡al campo James!

La primera pelota que tocó fue una habilitación para gol. Y la fe se asomaba por las esquinas. Pero no pasó de ser una ilusión pasajera, que justificó su ausencia en la nómina titular y dejó en el aire una verdad de a puño: Colombia no es Colombia el día que el 10 no está bien.

Y así se fue despidiendo el tiempo, llevándose la ilusión entre las voces de la gente, que coreaba hasta el minutos95, en medio de la incredulidad, el desconcierto y la impotencia, todas sensaciones que rondaban en el campo desde el pitazo mismo, haciendo añicos la magia del debut.

Toda situación difícil empeoró jugando con 10 desde el minuto 3 y abrió una larga lista de interrogantes: ¿está James a tope para el Mundial? ¿Se corrió un riesgo demasiado alto con Cuadrado? ¿Es Quintero el 10 o su reemplazo? ¿Quién va a apoyar a Falcao arriba para que no sea presa del tedio, como en Saransk? ¿Alguien pesó las camisetas que les dieron a los nuevos Lerma, Mojica e Izquierdo para el debut?

Viene Polonia y puede no ser el mejor de los rivales para buscar respuestas. Más ahora que viene cargado de necesidad, de ganas de revancha, de urgencia y angustia. Pero es lo que hay y no hay otra sino hacerle frente. El Mundial da siete partidos, siete vidas. Se ha perdido una. Una batalla y no la guerra. Esto no termina aquí.

Jenny Gámez
Editora de Futbolred
Enviada Especial
Rusia

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