Con una inversión de casi $23 mil millones, el Fondo Europeo para la Paz apoyará a los proyectos productivos de los campesinos de este departamento, en el que la sustitución de cultivos avanza con éxito.

Don Ciro Alfonso Vanegas, campesino del municipio El Retorno, Guaviare. Paulina Tejada

Don Ciro Alfonso Vanegas no es el único con ampollas en sus manos y tierra dentro de las uñas. Otro centenar de campesinos comparte con él los callos y las manchas en la piel. Todos, reunidos en su finca en el municipio El Retorno, Guaviare, celebran lo que antes creían impensable: sus suelos y sus brazos se despiden de la coca y le dan la bienvenida a nuevos cultivos ajenos al combustible de la guerra. (Lea: “En Colombia los cultivos pasan hambre”: Procultivos de la Andi)

El camino no es fácil. Los guaviarenses insisten en que años de olvido y desconexión estatal no se borran con la firma de un Acuerdo a kilómetros de distancia, pero reconocen que ha puesto los ojos del mundo en su departamento. Don Ciro, por ejemplo, sigue sin creer que el embajador de Francia y la embajadora de la Unión Europea pisaron su tierra el martes pasado. Hasta un racimo de sus árboles de cacao se llevaron a sus casas en la capital.

Ese día, bajo el mismo sol en el que trabaja Vanegas todos los días, representantes del Fondo Europeo para la Paz en Colombia, la Agencia Francesa de Desarrollo, la Acción contra el Hambre, la ONF Andina, la Fundación Éxito, Alquería y la Gobernación del Guaviare lanzaron el proyecto “Caminemos, territorios sostenibles”, que busca mejorar las condiciones de vida de la población rural del departamento amazónico con una inversión de casi 23 mil millones de pesos.

Los campesinos de Guaviare se despiden de la coca y le dan la bienvenida a nuevos cultivos ajenos a la guerra. / Paulina Tejada 

“Este es uno de los proyectos más ambiciosos que tenemos, no solo por el tamaño del presupuesto, sino también por los objetivos que nos hemos trazado en términos de salud, nutrición, medio ambiente, calidad de vida y desarrollo económico. Trabajaremos por un crecimiento inclusivo, sostenido y sostenible para lograr que la paz traiga resultados positivos en los territorios”, explicó la embajadora de la Unión Europea en Colombia, Patricia Llombart. (Puede leer: Gobierno venezolano pide a Colombia combatir de manera efectiva los cultivos de uso ilícito)

Al escucharla, don Ciro asentía y recordaba cuando, a los 11 años, llegó a esa selva junto a su padre y hermanos para “tumbar la montaña” y comenzar a sembrar “lo único que daba de qué comer”: coca. Al tiempo que Llombart y los demás miembros de la misión diplomática daban detalles del proyecto, el campesino sonreía mirando con complicidad a su vecino William León, quien lo enamoró del cacao.

 

“Uno caminaba temblando del miedo con un kilo de coca, pero no había de dónde más sacar plata. Ahora uno, aunque toque meterle más la ficha, montarse el forrito en la espalda y echar guadaña, ya trabaja tranquilo”, expresa Vanegas. Don William, su amigo, coincide con él y tiene ya 15 hectáreas cultivadas de cacao, maíz y hortalizas cuyos frutos recogen diariamente cinco “obreros”.

Nunca había comprendido tan claramente el orgullo que sentía por haber dejado atrás la coca como el día en el que la Fuerza Pública lo detuvo en un retén. “Eso había como 500 perros. Jodían y chuzaban mis bultos”, rememora. “Estaba feliz. Abrí con orgullo las bolsas y había comida para el país. Ahí entendí que la vida de uno se vuelve diferente”.

Como ellos, ya son muchos los campesinos en el Guaviare los que le han apostado a la legalidad en sus productos y, precisamente, “Caminemos” apunta a potenciar esas alternativas y así lograr un desarrollo rural integral en la región. “Hay una multiplicidad de retos en el país, desde la deforestación y la presencia de grupos armados, hasta la falta de figuras jurídicas sobre asuntos de tierras. Para enfrentarlos se requiere de una acción integral, coherente y articulada entre todas las políticas nacionales y locales, el sector privado, los organismos internacionales y, sobre todo, las comunidades en los territorios. Juntos vamos a engendrar nuevas oportunidades heredadas de la paz”, dijo en el evento el embajador de Francia en Colombia, Gautier Mignot. (Lea también: Gobernador de Antioquia pide aval del presidente para fumigar cultivos de coca)

Serán aproximadamente 1.000 familias las beneficiadas directamente con el programa, que serán guías, a su vez, para quienes se vayan sumando al Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (Pnis) cuyo avance en el departamento es destacable. Según el más reciente informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, es el lugar del país en el que más bajaron los cultivos de coca a diciembre del año pasado.

“Nadie en Bogotá se imaginará lo que ha cambiado el Guaviare, que antes era sinónimo de guerrilla, muerte y paras. Ahora nuestra preocupación es tener modelos de producción económica, social y ambientalmente sostenibles”, resaltó el alcalde del municipio El Retorno, Óscar Eduardo Ospina.

Pero esa no es la única preocupación. Según los líderes de municipios aledaños, hace falta pensar en la infraestructura para que la implementación del Acuerdo, especialmente en el marco del desarrollo rural integral, sea realmente efectiva. Gustavo Gómez, presidente de la Junta de Acción Comunal de Calamar, le expresó a los representantes del proyecto que “si bien nos sentimos acompañados en el tema productivo, nos hace falta respaldo en el tema de vías. En invierno pasado los municipios quedamos incomunicados, ¿cómo vamos a hacer para comercializar nuestros productos al país?”.

Serán aproximadamente 1.000 familias las beneficiadas directamente con el programa. / Paulina Tejada

Lo mismo se preguntaron Priscila Leguisamón, de 63 años, y Alba Ramírez, de 45. Ambas comenzaron hace un mes a vender el emblemático maní amazónico sacha inchi. Lo tienen caramelizado con miel, salado, natural y convertido en aceite. Está empacado en pequeñas cajitas en forma de corazón y esperan que en el interior de Colombia se conozcan todas las propiedades de este fruto seco a través de su producto. (Lea: Naciones Unidas entrega preocupante balance de cultivos en el país)

“Para nadie es un secreto que la coca y la violencia habitaron esta selva, pero el campesino quiere renacer”, dice Ramírez, reafirmando que prefiere dejar atrás la desconfianza en el futuro y comenzar a cargar en sus manos, tan pobladas de callos como las de don Ciro, la esperanza de que este y otros proyectos, sumados a la inversión estatal, catapulten sus sueños y los de quienes quieren convertir al Guaviare en un territorio de paz y sostenibilidad.

El Espectador

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