Ipurua es un campo de verdad. En el faldón de la AP8, con el aliento del público a mano en cada costado, donde hay que pegar el culo a la valla y escuchar las ocurrencias del personal en cada córner, el Eibar hace sufrir a los equipos más poderosos porque no regala un metro. Es más, se lo tienes que arrancar del alma. Allí sucumbió el Real Madrid en una actuación pésima, sin balón y sin alma, destruido por una presión descomunal que dio al Eibar su primera victoria sobre el equipo blanco. Lo hizo a lo grande, siendo mucho mejor que el campeón de Europa. Sin paliativos.

El equipo de Mendilibar conquistó un triunfo rotundo con sus armas, dando lo que siempre ofrece, con el aporte extraordinario de Marc Cucurella, Si Puyol empezó como atacante, el futbolista aún azulgrana fue un martillo por la izquierda, sirviendo dos de los goles. Entró en el equipo por la expulsión de De Blasis. Hoy es ya la estrella armera. Con lo difícil que es destacar en un bloque tan solidario.

Esa solidez es la identidad del equipo de Mendilibar. El de Solari la está buscando. Y en su estreno como entrenador de pleno derecho, sin la etiqueta de provisional, mantuvo sus apuestas, algunas llamativas, en un naufrafio completo. Dejó a Isco en el banquillo de nuevo -aún no ha sido titular con el argentino-, respaldó a Ceballos colocándole de pivote y reservó a Carvajal por el momento dulce de Odriozola. Esa posición fue la escogida por los armeros para desnivelar el choque, doblando el acoso al lateral blanco con José Ángel y Cucurella. Funcionó de maravilla.

Fue un primer acto equilibrado, con una ocasión clara para cada equipo. Avisó el Eibar con un remate en parábola de Kike García, tras un servicio de espuela de Orellana, que Courtois desvió sobre el palo. Era el minuto tres. En el once, Benzema resolvió por encima de Riesgo un buen servicio de Asensio, pero José Ángel salvó en la línea. Daba impresión de aplomo el Madrid hasta que resolvió fatal un córner a favor. No por Ceballos, que intentó acabar la jugada, como mandan los cánones, pero su disparo bloqueado activó la contra armera y allí no bajó nadie salvo el propio Ceballos, responsabilizado por la pérdida. Anotó Escalante porque Courtois evitó el remate de Kike García a bocajarro. Ni el acierto del belga rescató a los blancos.

El gol restó confianza al Madrid, que no encontró forma de trenzar juego. Fue una cuestión global, porque no encontró la forma de enganchar tres pases seguidos. Entre que la pelota circuló con lentitud y que no aparecieron los medios, salvo Ceballos, la presión del Eibar acabó por descoser a los blancos en una jornada propicia para recortar puntos con el liderato. Esto es lo que hay.

La gesta del Eibar se consolidó en el arranque de la segunda parte, y retrató a unos y otros. Mientras Kroos tiró un globo a absurdo a Odriozola y el lateral se lió, Cucurella se fue como una centella a por él para robarle el balón, el alma y los puntos. Enrich cruzó a la red con profesionalidad, como si no costara trabajo. Se rompió Odriozola en el lance, pero nada cambió. Con Carvajal en el campo, de nueco Cucurella buscó un balón sin gloria en un costado, metió el centro al que no llegó Enrich y Kike García se anticipó a Varane, clavado en el área chica.

Quedaba mucho tiempo por delante para recomponerse, pero no tuvo opción, sobre todo por mérito armero, que no cedió al ver al rival herido. Courtois sacó dos manos prodigiosas a Orellana y Courtois que evitaron una manita sonrojante. Entraron Isco y Vinícius, pero nada cambió en área contraria. Si en la propia el Madrid estuvo mal, en la ajena acabó enredado en una cascada de fueras de juego, especialmente de Benzema, que abrochó un final casi cómico a un partido pésimo. Vuelta a los tiempos oscuros para el Madrid. Gloria para un Eibar perfecto, modelo para todos. Actitud, esfuerzo, táctica y fútbol, mucho fútbol del equipazo de Mendilibar para obtener una victoria de leyenda.

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