El escándalo por la reventa de boletería para la Eliminatoria al Mundial de Rusia 2018 que implica a varios dirigentes del fútbol colombiano que serán sancionados con cuatiosas cifras en multas, se convierte por estos días en otra piedra en el zapato para la crisis económica y de imagen que sufre el balompié nacional.

A pesar de la respuesta de la Federación ante dicho castigo impuesto por la Superintendencia de Industria y Comercio, el ente controlador se sostiene. En diálogo con Blu RadioAndrés Barreto, superintendente, explicó cómo funcionó este caso de corrupción en el que el más afectado fue el hincha.

«Todo fue de una chambonada suprema que llevó a todo esto, de allí, que hubo un delator. Inventan esta suerte de proceso licitatorio con el fin de que sea adjudicado a Ticket Shop, dándole apariencia de legalidad. Lo que allí sucede es que esta empresa tiene acceso a información confidencial y privilegiada», contó Barreto.

El superintendente asegura que había complicidad dentro del ente para desviar hacia un único camino la firma del contrato: «Le hacen saber que si presenta un anticipo de 10.000 millones de pesos seguramente saldría adjudicada y que muchas personas que estaban dentro de la Federación y hacían parte de ese mundo del fútbol les podría ayuda con lograr ese negocio».

«Ticket Shop se presenta entonces confiada al proceso de licitación. Allí se empiezan a cometer errores, incluso en las cifras y montos, lo cual hace que… organizaron todo el proceso para que se lo gana Ticket Shop, (pero) se lo ganaría Primera Fila por haber sido la mejor oferta económica. Después tienen que cambiar y variar todo para favorecer a Ticket Shop», apunta.

Sin embargo, Barreto menciona que era otra empresa la que finalmente se utilizó para llevar a cabo las irregularidades: «Una vez Ticket Shop se gana el proceso, celebran un contrato con una empresa que se llama Ticket Ya, que es finalmente la que recibía las boletas, las revendía al precio que quería y controlaba toda la operación».

En todo esto, el más afectado terminó siendo el aficionado, que no solo se encontraba con precios inflados, sino que muchas veces se encontraba con las existencias agotadas: «Estas personas ponían los precios de las boletas a lo que querían y, por poner un ejemplo, la joya de la corona, como ellos mismos lo llaman, que era el partido Colombia vs Brasil, una boleta de 60.000 pesos la iban a vender a 270.000 pesos. Entonces el hincha tenía que pagar un 350% más, y eso, si encontraba las boletas porque ellos lo direccionaban como querían».

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