¿Qué futuro tiene ahora el Centro Democrático para mantenerse sin su líder? Análisis.

Pocos años atrás, cuando los publicistas estaban diseñando el logo del Centro Democrático (CD), el partido del expresidente Álvaro Uribe Vélez, a todos les encantó la idea de poner su silueta azul con la mano blanca en el corazón rojo. En la campaña a las presidenciales del 2018 hubo decenas de vallas, tanto en núcleos urbanos como en zonas rurales, con una sola frase: “El que diga Uribe”. Los dos ejemplos reflejan con nitidez la monumental importancia del senador que en la tarde de este martes 18 de agosto le dijo adiós a su curul en el Senado.

No hay un caso similar. En tiempos recientes, en el escenario de la política solo se recuerda el afiche diseñado por Carlos Duque con el rostro y la melena alborotada de Luis Carlos Galán para sintetizar con una imagen la representación con tanta fuerza de un colectivo político.

Las nuevas generaciones no vivieron aquellos tiempos en que los candidatos se arropaban orgullosos con el logo de un partido, en especial los históricos Liberal y Conservador.

En los últimos años, en cambio, muchos de los políticos sabían que su destino estaba marcado en buena parte por una bendición de Uribe. 

Un fenómeno político indiscutible. Hoy no hay un colombiano que no haya sido influido por las decisiones que tomó Uribe en su vida pública, en especial desde que asumió la presidencia de la república por primera vez, el 7 de agosto de 2002.

Con el paso del tiempo, su popularidad se fue desgastando hasta llegar a este punto en el que le ha dicho adiós a su curul, una decisión que marca un punto de inflexión en su trayectoria y que pone a su partido ante un desafío de consecuencias imprevisibles.

¿Puede haber uribismo sin Uribe? “Sí, hay fujimorismo sin Fujimori, o con él en la cárcel manejando los hilos. Hay chavismo sin Chávez. Hay peronismo sin Perón”, dice el analista Álvaro Forero Tascón. 

Pero ¿por qué este fenómeno político se presenta en las sociedades? “El populismo caudillista es muy difícil de extinguir porque se incrusta muy profundamente en la cultura política al desprestigiar las instituciones y polarizar tanto a las sociedades que los seguidores quedan atrapados en las pasiones y falacias que les siembran”, dice este investigador de opinión pública.

“Si hablamos del uribismo en sentido de una ideología, lo hay sin duda”, cree, por su parte, Yann Basset, docente de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario, al analizar el futuro.

“No cabe duda que Uribe interpreta las ideas de un sector de la población colombiana. En este sentido, seguirá siendo una referencia importante de la vida política del país, más allá de su destino personal; lo mismo que sobrevivirá seguramente al antiuribismo a su carrera política”, argumenta él.

Pero ¿y el partido? ¿El Centro Democrático? “Lo que es más dudoso es si puede sobrevivir un partido uribista sin Uribe, porque en este caso estamos hablando de dilemas de acción colectiva complicados para mantener unidos a muchos políticos que pueden tener diferencias tanto en matices ideológicos como en estrategia, sin hablar de las ambiciones personales”, dice el catedrático.

Para él está claro que Uribe juega un papel importante en mantener unido y cohesionado al Centro Democrático, y que sin él podría haber peligros de división o evoluciones análogas a la de otros partidos, que renuncian a mantener una línea clara y dejan juego a los líderes regionales para preservar una cohesión mínima, en detrimento de la capacidad de acción colectiva.

El analista Pedro Viveros pone la lupa en las ejecutorias programáticas del uribismo que se están viviendo con el gobierno actual: 

“El presidente Duque en los últimos meses ha registrado aumento en imagen pública, tiene gobernabilidad como lo demuestra la mayoría parlamentaria liderada por su bancada al elegir todos los órganos de control y ahora con Uribe en detención domiciliaria,como ‘mascarón de proa’ , van a promover una reforma a la justicia por medio de un referendo. Todo liderado por el uribismo 2.0 desde la Casa de Nariño”, dice, sin vacilar, este especialista en comunicación política.

En cambio, más escéptico se muestra el docente Carlos Arias, para quien en este momento político e ideológico del país “no hay posibilidad de uribismo sin Uribe”.

Para él, “incluso, el Centro Democrático, a pesar de tener varios líderes regionales y mediáticos con mucha fuerza, carece de un líder que pueda cohesionar a toda una colectividad”.

Él, sin embargo, acepta que en el corto plazo Uribe va a ser decisivo. “Para las próximas elecciones es posible que sí” mantenga su vigencia, explica Arias.

“No obstante, esa realidad política es hoy muy compleja. Las últimas elecciones a cuerpos colegiados, alcaldes, gobernadores e incluso la de presidente demostró que Uribe siempre tiene la última palabra y que no hay partido más allá que él”, dice este experto en comunicación política, electoral y gestión de gobierno.

Y Uribe sabe eso. Tanto que en las recientes entrevistas dadas por él mientras cumple su detención domiciliaria en su finca de El Ubérrimo, además de atacar a la Corte Suprema, aprovechó para invitar a sus seguidores a buscar un referendo como herramienta para reformar la justicia y, por si fuera poco, poner la lupa en las elecciones de 2022.

Por tiempos, es difícil que un referendo vea la luz en los menos de dos años de gobierno que le quedan a Duque.

Sin embargo, el tema estará gravitando en la discusión diaria y eso le permitirá a sus alfiles mantenerse vigentes durante este tiempo mientras llegan las elecciones.

Sobre estas Uribe dijo: “Yo sí quiero decirles a los colombianos, con mucha franqueza: cuidado con el año 22, que aquí estamos viviendo una especie de prechavismo”.

Es decir que mientras muchos lamentan su partida, otros se alegran; él tiene la mirada puesta en las elecciones, en donde se mueve como pez en el agua.

(En otras noticias: Radican tutela para que se levante la reserva sumarial del caso Uribe)

Como lo ha hecho con mucho éxito en las dos últimas décadas. Tanto que su partido tiene de logo apenas su silueta y millones votan por el que diga él.

ARMANDO NEIRA
Editor de POLÍTICA de EL TIEMPO
@armandoneira​

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